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Los pugs bien entrenados y adecuadamente socializados no son animales agresivos. Al igual que cualquier perro, pueden morder, pero es raro que esto ocurra sin que medie maltrato hacia el animal. No se amilanan ante perros de razas más grandes, lo cual los puede meter en problemas.

Ante los seres humanos, tienden a mostrarse juguetones y buscan la interacción. Sin embargo, pueden ser recelosos ante los extraños, y anunciar con sus ladridos la presencia de personas desconocidas. Si bien por su tamaño no son perros guardianes, sí son buenos "perros de alerta o alarma".

A nivel inteligencia, el pug ocupó el puesto 1 en la clasificación de Stanley Coren acerca de la inteligencia de los perros. Tienden a veces a la tozudez, y no necesariamente acuden cuando se les llama, sino más bien cuando ellos quieren. A pesar de ello no son de alejarse mucho de sus dueños y prefieren la compañía de estos a la de otros perros.

Un ejemplar saludable se comportará vivaz, activamente en sus primeros años de vida (correr, saltar y ladrar constantemente), pero esta característica tiende a desaparecer con los años, ya que los animales de cinco o más años suelen ser más tranquilos y disfrutar más de los sillones que de la calle. Su estructura maciza hace que toleren bien el juego con niños y adultos.